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Estrategia · 28 de septiembre de 2026 · 5 min de lectura

El Canal sabe cómo compra el cliente, la Categoría sabe por qué

En la mayoría de las empresas, el departamento de Ventas ya cubre la ejecución del Canal. Lo que casi nunca existe es un dueño formal de la Gestión de Categorías, y ese vacío lo resuelve, en el mejor de los casos, el gerente general o el dueño; en el peor, no lo resuelve nadie.

Daniel Chong

Daniel Chong

Director · EREA Management Consulting

Acompaña a empresas de retail y consumo de Latinoamérica en la estructura comercial: gestión de categorías, canal, surtido y disciplina de compra.

En la mayoría de las empresas no hay un gestor de categoría. Hay un responsable de ventas que ya cubre el Canal, y un gerente general que, sin que nadie lo haya nombrado así, termina decidiendo lo que le corresponde a la Categoría: qué vender, a qué precio, con qué posicionamiento. Ventas está bien medido y controlado para lo que hace. El problema es el otro lado de la balanza: la Categoría no tiene dueño formal, ni indicador, ni el tiempo que necesita, porque quien decide tiene, además, toda la empresa que dirigir. No es un conflicto entre dos roles mal diseñados. Es un rol entero que existe de hecho pero no en el papel, resuelto con el tiempo que le sobra al gerente general, que casi nunca alcanza.

Dos decisiones en una persona

«El cliente» no es una persona con una sola lógica de decisión, son dos. La teoría clásica de canales, que Philip Kotler ayudó a formalizar, explica que los intermediarios resuelven una brecha de tiempo, lugar y cantidad entre producción y necesidad. Al entrar a un punto de venta, esa persona deja de tener preferencias y se convierte en Shopper: gobernada por conveniencia, visibilidad y fricción de elección, en una ventana de segundos.

El Consumidor responde a otra pregunta, en otra escala. El marco de Jobs to be Done, de Clayton Christensen, explica que no compra un producto, lo contrata para resolver un progreso en su vida, en meses, no en segundos. Ahí entra la lógica de posicionamiento de Michael Porter: una categoría no compite por estar disponible, compite por ser deliberadamente distinta.

El Shopper se gana en segundos, el Consumidor en meses. Confundir el «cómo» con el «por qué» es entregarle a una sola función un trabajo que son dos.

Ahí está la línea: el Canal sabe cómo compra, dónde y con qué fricción; la Categoría sabe por qué, qué progreso busca resolver antes de que exista la góndola. Confundir el «cómo» con el «por qué» no es un matiz. Es entregarle a una sola función un trabajo que son dos, y un mismo indicador no puede medir ambos bien.

Dos casos que hicieron la separación en la práctica

En 2005, P&G, bajo A. G. Lafley, formalizó el First Moment of Truth: los tres a siete segundos en que un comprador decide frente al anaquel. Separó el trabajo: categoría siguió definiendo el beneficio para el consumidor, canal rediseñó empaque y ejecución para ganar esos segundos frente al shopper, en retailers como Walmart. Ninguno se midió con el indicador del otro.

Starbucks resolvió la misma dualidad construyendo dos formatos de tienda en lugar de uno. Desde 2019, y con fuerza desde 2020, abrió junto a sus cafeterías tradicionales las tiendas Starbucks Pickup, dedicadas al cliente que pide por aplicación y solo quiere recoger su pedido sin fricción. Las cafeterías siguieron protegiendo la experiencia de «tercer lugar»: el sofá, el tiempo para quedarse, el ritual. La propia compañía lo describió así en su comunicado ante la SEC de junio de 2020. La compañía no intentó resolver las dos necesidades en el mismo espacio. Construyó un formato para cada una.

El cerebro y el músculo

Puesto uno junto al otro, el reparto de trabajo entre Categoría y Canal se resume en cuatro filas:

DimensiónGestión de Categoría (el cerebro)Ejecución de Canal (el músculo)
FocoEl Consumidor y la demanda de la categoríaEl Shopper y la conversión en el punto de venta
Horizonte de decisiónMeses y trimestresDías y semanas
Indicador que debería perseguirMargen, participación de mercado, éxito de innovaciónVenta al público, rentabilidad por metro o por clic, espacio en anaquel
Pregunta que responde¿Qué progreso le resolvemos al consumidor y cuánto vale eso para él?¿Cómo se elimina la fricción para que nos elijan hoy, en este anaquel?

La tabla parece obvia. Lo que casi ninguna empresa hace es asignarle un dueño a la primera columna. Ventas mide, con razón, la segunda. La primera, la del largo plazo, no tiene indicador porque no tiene responsable. La resuelve el gerente general, entre reunión y reunión, con el criterio que tenga a mano. Casi siempre es el del canal, porque grita primero y tiene una cifra que revisar cada lunes.

La versión más extrema: decide una sola persona

En la empresa mediana o dirigida por su fundador, no hay ni siquiera un gerente general absorbiendo la Categoría por accidente. Es el propio dueño, ya ocupado con ventas, finanzas y operación, quien decide qué comprar o fabricar para vender. No hay dos roles confundidos. Hay uno solo, y decide con el criterio más urgente que tenga enfrente, casi nunca el que puede esperar al cierre del mes.

Ahí es donde más se nota la ausencia de tres herramientas concretas de la gestión de categorías. La definición de mix: qué marcas, tamaños y precios componen el portafolio según cómo queremos posicionarnos. El surtido en el punto de venta: qué parte de ese portafolio entra a cada tienda. Y el Open to Buy, el presupuesto de compra por categoría y periodo. Sin una rutina que las revise, mensual para el OTB, trimestral para el mix, esas tres decisiones las sigue tomando la misma persona, con el mismo criterio de urgencia.

Cuánto vale el vacío

Conviene ponerle número. Lo que sigue es aritmética sobre supuestos declarados, no el dato de ningún cliente; cada empresa debe reemplazarlos por los suyos.

Suponga una empresa que vende 50 millones de dólares al año, con 25% de margen bruto y 3% de resultado neto. La mitad de su venta está en categorías que nadie gestiona como tales. Si esa falta de dueño le cuesta un solo punto de margen en esas categorías, por descuentos para salir de compras mal dimensionadas o por espacio en góndola entregado al producto que menos rota, son 250.000 dólares al año.

Con un resultado neto de 1,5 millones, ese punto equivale a la sexta parte de la utilidad del año. Y no hace falta vender una unidad más para recuperarlo: basta con que alguien sea dueño de la decisión.

Cierre

El cliente no se pierde por falta de estrategia, se pierde porque dos funciones, o una sola persona que hace las dos, resuelven con el reloj equivocado una decisión que no era la suya. Asignarle a la Categoría un dueño, un indicador y una rutina propios es una decisión de estructura, no de talento. La pregunta que vale la pena hacerse no es compleja. ¿Quién en su empresa responde hoy por el indicador de la Categoría, y con qué frecuencia lo revisa? Si la respuesta no es inmediata, ese es exactamente el punto en el que empieza un diagnóstico.

Fuentes: Kotler, teoría clásica de canales de distribución · Christensen, Jobs to be Done · Porter, estrategia competitiva · P&G / A. G. Lafley, First Moment of Truth, 2005 · Starbucks Corporation, comunicado ante la SEC (Form 8-K), junio de 2020.