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Supply Chain · 10 de agosto de 2026 · 8 min de lectura

El CEDI es una decisión de expansión, no solo una línea del gasto logístico

Retorno sobre el capital comprometido, venta que no existía y nivel de servicio por zona son las palancas que sostienen un centro de distribución regional. Del business case a la puesta en marcha: cómo se decide, se dimensiona, se contrata y se mide un CEDI tercerizado.

Raul Alcedo

Raul Alcedo

Consultor Experto en Supply Chain · EREA Logistics Services

Acompaña a empresas de consumo y retail en el diseño y la puesta en marcha de centros de distribución regionales: del business case a la operación con terceros.

En colaboración con

  • Aymeé Vargas · Consultora Experta en Supply Chain · EREA Logistics Services
  • Luciano Brumel Zegarra · Managing Partner · EREA Logistics Services

En la reunión donde se propone abrir un centro de distribución regional, la primera pregunta es casi siempre la misma: cuánto vamos a ahorrar. Es legítima, pero es la más pequeña de las que hay que responder, y cuando es la única que se hace, influye negativamente en todo el proyecto.

Un CEDI regional puede reducir el costo logístico o aumentarlo, según la densidad de la zona, la frecuencia comprometida y la estructura que se monte. Lo que sí produce de forma consistente es alcance comercial: territorio atendido con tiempos competitivos, clientes que dejan de comprarle a la competencia por disponibilidad, y participación de mercado que se gana donde antes se llegaba tarde.

Un centro de distribución regional se mide por el territorio que gana contra el capital que compromete, no solo por el costo que ahorra.

Por qué se llega a esto

La decisión suele nacer al revés. Aparece una bodega o almacén disponible, el alquiler parece razonable, y a partir de ahí se construye la justificación. La ubicación se elige por oferta inmobiliaria y no por dónde crece la venta.

La selección de zona no es solo una decisión logística. Nace en la conversación con Comercial y con la dirección: dónde está el crecimiento proyectado, dónde se disparó el gasto de atender al cliente, qué cuentas se pierden por tiempo de entrega. Una gira a los principales clientes de la zona levanta más información útil que tres semanas de análisis de escritorio.

El caso se sostiene sobre tres palancas

La primera es el capital, no el costo. Un ahorro logístico se agota; el capital comprometido rinde o no rinde todos los años. Y ese capital no es solo la bodega y la flota: es, sobre todo, el inventario que el nodo nuevo inmoviliza. Cada punto adicional de la red exige más inventario de seguridad para sostener el servicio, y eso es dinero detenido que compite contra la misma venta que habilita. La pregunta no es cuánto se ahorra, sino si el retorno sobre la inversión más el inventario supera el costo de financiarlo, medido contra el WACC. Un centro regional no compite contra la operación actual. Compite contra el mejor uso alternativo del mismo dinero.

Un centro que mejora su propio resultado pero incrementa el inventario de la casa matriz no crea valor, lo cambia de lugar.

La segunda es la venta incremental, separada de la venta trasladada. Pasar la frecuencia de entrega de una semana a 48 horas cambia la frecuencia con que el cliente coloca pedido, reduce los quiebres en su punto de venta y desplaza al competidor. Ese desplazamiento es participación de mercado. Pero si buena parte del volumen del centro nuevo es venta que antes se despachaba desde otra ruta, no hay expansión, hay reacomodo: si la venta total de la empresa no sube, el centro movió las mismas cajas por otro camino. La venta que sostiene la decisión es la que no se habría hecho sin el centro, atribuible a la nueva ventana de entrega con zonas definidas.

La tercera es el nivel de servicio, y se decide por zona. Prometer 48 horas a todo el territorio encarece la operación por igual donde el cliente estaba a punto de irse con el competidor y donde nunca pensó moverse. El servicio se concentra donde ese gasto paga el nuevo mercado: donde la cuenta está en disputa y donde el margen paga atenderla más rápido.

Si el flujo proyectado no arroja VAN, TIR y periodo de recuperación aceptables con las tres palancas explícitas, el proyecto no está listo para presentarse.

El dimensionamiento se calcula en el business case, no viene del operador

Los metros cuadrados, el personal y la flota son parte del caso, y se verifican en la visita técnica durante la licitación, antes de firmar. Llegar a la firma sin ese cálculo propio deja el dimensionamiento en manos de la propuesta del operador, construida sobre sus supuestos y no sobre los movimientos de la operación.

Los metros cuadrados salen del movimiento de entrada y salida y de los días de cobertura, y de ahí se define tipo de almacenaje, racks, muelles, niveladores y equipo de manipulación. El personal se dimensiona por movimientos diarios y por camión atendido. La flota se dimensiona contra la ventana comprometida: si la promesa es 48 horas, el pedido se toma el día uno, se prepara el día dos y se entrega el día tres. Esa ventana define cuántas unidades se necesitan, no al revés.

La licitación y el contrato, donde se gana o se pierde el proyecto

Con el caso aprobado y el dimensionamiento en mano se licita. Las condiciones que no son negociables: seguro de carga por el valorizado movilizado; pagaré por el valor promedio almacenado, ajustable de forma periódica; cláusulas de salida para ambas partes con preaviso y transición ordenada; indicadores medibles mes a mes con penalidades en ambos sentidos, no solamente contra el operador; y confidencialidad con vigencia posterior al término del contrato.

Tercerizar suele confundirse con firmar ese contrato y fijar penalidades. Al entregar las llaves del almacén el riesgo no desaparece, cambia de lugar: pasa a ser un problema de control de información. Tres frentes evitan quedarse sin margen de maniobra: mantener un modelo de costeo propio que permita desafiar las tarifas del tercero, retener la propiedad absoluta de la data maestra, y conservar una viabilidad real de salida, porque quien pierde sus datos y sus históricos pierde la libertad de cambiar de proveedor.

Un contrato sin cláusula de salida no protege una operación. La amarra.

Lo que casi nadie resuelve antes de operar

Habilitación sanitaria y de calidad

Calidad y control de plagas visitan el local antes de la primera operación y validan hermeticidad de techos y paredes, cebaderos, iluminación de control y zonificación, con el mismo estándar que se exige en instalaciones propias.

El flujo operativo y su registro

Antes de mover la primera caja hay que mapear cómo se opera hoy y cómo será el flujo bajo el techo del tercero. No es solo un trabajo de sistemas para conectar el WMS del operador con el ERP: es una definición de cadena de suministro sobre cómo cada movimiento en la rampa o en el rack se traduce en un registro contable y de inventario. Si ese flujo no se amarra a una conciliación periódica, la realidad física se divorcia del sistema, y un inventario descuadrado produce dos fallas caras: quiebres que no existen en el piso, que cuestan venta porque el sistema no ve la mercadería que sí está, y existencias que el sistema muestra y el piso no tiene, que permiten a Comercial comprometerse sobre producto que ya no está. Cuando una empresa invierte para expandirse, esa ceguera golpea la única palanca que sostiene el negocio: la disponibilidad real de producto para vender.

Si el flujo físico no se concilia con el sistema, un inventario descuadrado empieza a costar venta: promete lo que no hay y esconde lo que sí está.

Aymeé Vargas

Alineación entre áreas

Finanzas, calidad, sistemas, créditos, almacén, transportes y auditoría, entre otras, necesitan conocer sus tiempos y requisitos antes del arranque, y el personal debe llegar capacitado al primer día. Si la empresa opera WMS y TMS, el operador se debe capacitar en ambos: una herramienta que el tercero no sabe usar no ahorra tiempo ni genera información trazable.

La curva de aprendizaje y las condiciones de salida

El aumento de venta y la mejora de servicio rara vez aparecen el primer mes. Con trabajo coordinado entre áreas, la maduración se ubica entre el cuarto y el sexto mes. Declararlo desde la aprobación evita que el proyecto se juzgue con la vara equivocada en su tercer comité.

Por eso conviene aprobarlo por etapas: arrancar con un operador y un contrato con salida, y ampliar cuando los primeros meses confirmen los números. Si al sexto mes la venta incremental está muy por debajo de lo proyectado, la decisión no es insistir, es renegociar o salir. Definir cuándo se abandona antes de empezar es lo que separa una decisión disciplinada de una apuesta.

Medir la expansión, no solo la bodega

La medición mensual defiende la decisión y tiene dos capas. La operativa demuestra que la bodega funciona: tiempos de entrega, plazo de depósito de la cobranza, rechazos y devoluciones, mermas, exactitud de registro de inventario y costo logístico sobre venta despachada desde ese centro.

La comercial demuestra que la expansión ocurrió: participación de mercado ganada en la zona, clientes recuperados que se perdían por tiempo de entrega, y venta incremental real frente a la proyectada. Si al sexto mes solo se puede mostrar que la operación es eficiente, se probó la bodega, no la expansión.

La decisión que queda

Antes de aprobar un centro de distribución regional, la pregunta que ordena el proyecto es esta: ¿su business case declara cuánta venta incremental habilita la nueva ventana de entrega, cuánto capital adicional inmoviliza contando el inventario del nodo nuevo, y en qué mes se espera el cruce con el costo de operarlo?

Si el caso mide solamente el ahorro, no está evaluando una expansión. Está evaluando una bodega.

Nota del Managing Partner

El CEDI regional es una decisión de dirección: compromete capital, define hasta dónde llega la empresa y fija el nivel de servicio que se va a defender en cada zona.

Luciano Brumel Zegarra

He visto este proyecto aprobarse muchas veces en el comité equivocado. Cuando el CEDI regional se discute como un asunto de logística, la conversación se reduce al costo por caja y el proyecto termina evaluándose como una bodega. Por eso pedimos que el caso se construya con Comercial y Finanzas en la mesa desde el primer borrador, no en la ronda de aprobación. Cuando esa conversación ocurre temprano, el proyecto casi siempre cambia de ubicación, de tamaño o de promesa de entrega. Esa corrección vale más que cualquier ahorro que se negocie después con el operador.

En EREA Logistics Services acompañamos a empresas de consumo y retail de la región en el ciclo completo de un centro de distribución regional: selección de zona con sustento comercial, business case con retorno sobre el capital, dimensionamiento físico y de flota, licitación y contrato con el operador, puesta en marcha y tablero de indicadores.